14/09/11

REQUIEBROS :(


En la cocina, suena el implacable silbido de la tetera. Ella se endereza lenta y cansadamente. Antes de ponerse de pie y caminar, vuelve a actualizar la página. Nada. Todavía no hay nada que ella pueda interpretar como un coqueteo, como un gesto de complicidad. Toma aire y su figura se espiga, levantando los brazos al techo, para luego exhalar, bajando los brazos violentamente.

Camina y elige el sabor del té. Se asoma por el pequeño rombo de la ventana. La vida afuera empezó ya. Pasan las mismas personas habitualmente anónimas que ella puede reconocer y que siente como uno más de los enseres que pueblan sus días. Ya está calentando el sol, pero ella no renuncia a la cómoda tela del camisón. No todavía. F5, refresh. Nada.

Hace una vez más el recorrido por los álbumes de fotos. Reconoce un millón de detalles en las imágenes. Hay una en la que se ve una parte de la cama, una pared azul tenue y en la pared una guitarra. Ella sabe del metálico tañer de aquellas cuerdas, acompasadas. Su gesto se curva y sus ojos color ceniza se dilatan. Antes de cambiar de perfil, no se olvida de poner [Me Gusta], enviando así un mensaje más en una botellita que se confunde en un ejército de mensajitos embotellados que nunca llegará al puerto. Suspira y con cierta furia se talla los ojos humedecidos… para su desgracia, también conoce el metálico rechinido de aquella cama. Doscientos diecisiete besos grabados en fuego son la prueba viviente de que no lo está imaginando. ALT + F4. Hay que prepararse para el trabajo.

No importa el color. Es viernes, así que puede combinarse lo que quiera. Es ese quinto día de la semana inglesa en que solía ceñirse las medias del color de sus deseos. Es el día que habían convertido en el ritual ardiente del deseo. Ahora, es el viernes informal. Tendidos en la cama le esperan sus jeans y su blusa blanca sin complicaciones. Las complicaciones están distribuidas ahora por todo el espejo del baño.

Pasa suavemente sus dedos por la deliciosa curva de sus senos. Baja un poco más y dibuja al son del jabón la circunferencia de su ombligo, su silueta de guitarra española, de caderas macizas y buena madera. Aprieta los labios y le dedica un sonoro beso a la mujer que se mece frente al espejo empañado del baño. “Te amo”, estuvo alguna vez escrito con el dedo índice en aquella superficie y ahora, ella se calca en el opaco lienzo de vidrio. Llega a ese punto en que se resbalan sus dedos un poco. Ese lugar entre las piernas que habla de la velocidad con que late su corazón, de lo cerca que llega al cielo y de lo amargo que le resulta saberlo por sus propias manos. Hubo un viernes, en el piso del baño, en que la boca de él se lo había confirmado. Estaba hecha a su medida.

Sale del baño, dibujándose de vapor y esencia de melocotón salvaje. Abre el navegador y solo teclea “F” para que se desplieguen las cookies de aquel tormento virtual de nuevo. Perfil ->Inicio->Mensajes. Algo en su corazón le dice que si espera lo suficiente podrá destruir aquella odiosa cortina de silencios que ya le está resultando asquerosamente familiar. Antes de abrocharse el brassiere, piensa en cómo abrochárselo a él. Se acuerda de aquella foto de perfil que tanto le han chuleado y la cambia por la actual en que sale con un estudiado puchero. A ver si así se entera de lo que se está perdiendo.

Busca sus diminutos calzones y antes de subirlos hasta su sitio, respira hondo. No ha parado la humedad desde el recuerdo de aquella boca, prendida en el punto de su locura. F5 una penúltima vez. Sus ojos se resbalan por todo el desplegado sin hallar ese detalle que les provoque detenerse.

“Copia y pega esto en tu muro si deseas que los gatitos se vayan al cielo”… copia y pégate una mierda en la cara, dice entre dientes  y se sonríe de la ocurrencia. Nadie estaba ahí para atestiguar esa joya. Junta sus cosas apuradamente en el bolso y tras un último sorbo a la taza de té frío, F5.

En el trabajo, la adulación y los comentarios halagüeños de siempre. El perfume, la textura de los zapatos, el último resultado… se pavonea y prodiga una que otra sonrisa hueca a su gente. No bebe café, así que pide otro té y se conecta, como no queriendo de nuevo. “Ah, si, me parece que pudo haber acudido más a la metodología…”, “Vaya, que barato te costó…”, “Amo esa canción!” y va dejando rastros por todos aquellos perfiles que ya le esperan, como una anónima y amorosa familia. “Cómo estás?.. me tienes muy abandonado!” le pone un despechado que mete hilo y saca la hebra de una conversación plagada de requiebros inocuos e ociosos que remata con un contundente “:)

48 minutos. F5. ¿Cómo se llamaba esa canción que escuchamos en la cervecería? – se esfuerza en recordar… Escribe una línea en Google… “¡Bingo!” la encuentra. Va a Youtube y la postea en su muro, no sin antes añadirle una frase estudiada, fría y desdeñosa: “Una canción que me recuerda lo delicioso que es estar sola ahora que me siento tan bien”… 17 minutos. F5… los cuatro habituales aferrados ya le dieron [Me Gusta] y hasta le han dejado dos que tres frases que revelan que hasta tecleando uno puede decir las cosas nomás por no dejar. El dueño de la boca muda simplemente no aparece. 4 días hace que retwiteó el último poetuit, meloso y hasta medio pendejo, y desde entonces, nada.

La solicitan en oficina. Sale del navegador presionando un F5, nomás para ver qué hay de nuevo en estos últimos 6 minutos. Nada. Su caminar enérgico se pierde por los pasillos. Tararea con coraje aquella canción que sigue inmortalizando en sus recuerdos y que ahora está convertida en un arma que pende, cual espada de Damocles, sobre aquel perfil desierto.

52 minutos. Charla con un par de personas. 71 minutos. Abre de nuevo. Contraseña->Inicio->Perfil.
Aquella canción ya lleva 7 [Me Gusta] y nada de aquel click de quien espera se sienta aludido. Aprovecha para felicitar a los cumpleañeros y añade a sus gustos a Coldplay, Francisco Céspedes, Arjona, Kings Of Leon y Johnny Depp. Vuelta al inicio. Nada. Ronda al perfil y nada todavía. Abre su cuenta y empieza a buscar un #TT que le entretenga un poco. Lo encuentra y se abstrae en su lectura. 39 minutos. Inicio->Perfil: Nada.

Es momento de sacar la artillería pesada. Saca de la manga aquella foto que se tomó de cachetito con un pagafantas cualquiera y la cambia por la foto de su perfil apresuradamente. Ver Perfil->Fotos->Foto De Perfil. Contempla su obra. Respira agitadamente. Espera que aquello sea una verdadera patada en los huevos de desdeñoso hijo de puta que parece que de nada se entera.
24 minutos. F5. Le da tiempo de pensar en cómo va a voltearle la tortilla a sus reclamos: “No es nadie, yo no ando con él, es solamente un buen amigo, además es papá y yo no tengo urgencia de andar con nadie”… F5… Hijo de la chingada.

El tipo de la foto siente que no cabe de orgullo. Toma la foto y hasta le pone en su propio perfil, lo que le provoca una agridulce sensación. “Es ese tu chico?” – alguien pregunta y ella no responde, calculando que su silencio aprobatorio será como un puñado de sal en la herida abierta. 53 minutos. F5. Hora de volver a casa. Wi-Fi Zone dice un letrero en el centro. Aprovecha y rápidamente accede: Inicio->Perfil. Siente una inmensa soledad y la sonrisa congelada en esa foto no consigue ser igualada por su rostro. Camina más lento.

A lo mejor si pudo lastimarlo aquel despliegue de valemadrismo calculado. Pero es SU culpa, se auto-vende la idea. “Además no es nadie, es solamente un amigo, yo no ando con él,  no tengo urgencia de andar con nadie y por si fuera poco, es papá” – repasa en su cabeza. Ya no le parece tan buena idea haber hecho tal cosa. Pero ella tiene muchos huevos como para echar atrás. Va al perfil aquel y lo lee. Busca indicios de ardor, de coraje, de arrepentimiento. Puras frases pendejas. Nada que pueda atribuirse, ningún milagro que colgarse… acaso aquella canción que puso en su muro de Kings Of Leon… “Después de todo, en la mañana le puse [Me Gusta] a esa banda” – piensa. Ya es tarde y se va.

Del otro lado del ciberespacio, frases se escribe y se borran sin ser posteadas. Fotos se toman y se eliminan de la memoria de la cámara. No hay nada en la carpeta de imágenes que pueda superar aquel golpe. “Ah, pero que cara de pendejo tiene ese tipo” – Piensa.

Ella ya está tendida en la cama, pero sigue conectada. F5. El tipo de la foto ya escudriñó cuanta cosa puso en el muro. Ya le dio [Me Gusta] a cuanta frase se encontró y ahora le ordena ponerse en línea por el MSN. ¿Qué le quedaría?... se conecta y se tienden un millón de hilos de araña entre las frases hechas, los emoticones y las intenciones. De cuando en cuando, pasa al perfil aquel, al suyo propio. ¿Estará mal la página? F5-F5-F5… nada.

Duelen los ojos de leer. Duele el corazón de esperar. Duele el orgullo de desear… Le queda el premio de consolación de tener a aquel incondicional desmenuzándole la vida y censurándole su lado malo. Del otro lado, la guitarra de la foto sigue hilando notas, frases, imágenes… sentimientos… la inspiración no llega. Las musas son unas putas. Ella igual termina su charla con algo que no suene a desencanto. Rematan con toda propiedad su charla: “:)

Ella y él se van a dormir juntos. En camas separadas por varios kilómetros de cielo, como dice el pendejo de Oceransky… la guitarra, al clavo al lado de la cama. Ella, F5. Así pasó que comenzó el fin del mundo.

09/09/11

Stop. Reboot

Escribir es mi necesidad. Muchas veces, cuando parece que ya no hay caminos por andar, empiezo a generar miles de ideas que no comparto con nadie. Y no las comparto porque sea yo una clase de niño egoísta con sus dulces, sino porque no encuentro a quien decírselas. No digo que esté encadenado enmedio del desierto, sino que puedo sentir una enorme y sobrecogedora soledad que simplemente no se va.

Sé que hace muchos pasos empecé a trastabillar. Empecé a caminar dando zancadas para alcanzar una nueva vida y se me olvidó, tal vez, apuntar hacia el objetivo. Pero aquí estoy, como siempre que me atenaza la soledad, escribiendo. Quiero agradecerle a todos los que pasan a visitarme, a leer... a hacerme sentir bien con sus comentarios.

Mil proyectos nuevos. Unos, desempolvados y listos para ser ejecutados. Publicar un libro, poner un canal de televisión por internet, dar clases a niños de los que, seguro acabaré aprendiendo yo. Quiero empezar a aprender a no exaltarme. A no ser tan visceral. Quiero aprender a modularme, como una consola de audio. No quiero ser atronador cuando me enojo, de cualquier modo, las aguas siempre toman su nivel, eso si lo sé, pero a veces no puedo aceptarlo. Quisiera que el mundo entero estuviera en sintonía conmigo. Que la intensidad y la vehemencia de mis deseos marcaran la pauta del movimiento universal, pero eso es imposible.

A lo mejor, me estoy dejando ir los momentos importantes, como lo que ocurre con mis hijos, que ya platican en perfecto español, que saben jugar entre ellos y organizan unos tremendos fandangos con el ejército de juguetes que tienen. Hay cientos de historias que contar de ellos. Braulio sacándose el pene para orinar desde el interior de una tienda a la banqueta, con su ceja rota por andar de travieso, con Valentina cuidando y dando de besos a un chapulín que le atrapé como mascota. Verla paseando por la casa cargando con la maceta en la que sembramos su primer plantita y hablando solita sobre como vaa cuidarla.

Estoy casi siempre absorto en dirigir mis planes a buen puerto. Me caigo, me levanto cada vez más harto y más decidido a que se haga mi voluntad. Vivo en el error, pues.

Para que se den una idea de como estoy transtornado, les contaré que hace algunas noches, absortos en los deberes, no reparamos en el detalle de que Valentina estaba ya dormida, pero Braulio seguía deambulando por la habitación, intentando jugar, bailar, platicar... estaba queriendo llamar la atención de su mamá, quien estaba apurada en redactar. De pronto, un murmullo confuso logró distraerla y al voltar, Braulio estaba sentadito en la orilla de la cama, leyendo a su manera un libro de caricaturas sobre ranas en los zapatos, en los sandwiches y en los pantaloncillos... muy clarito, pero espacio, se leía cada una de las páginas y entonaba la voz, tal y como lo he hecho yo en tantas ocasiones que se lo narro y se lo voy explicando. Tanto lo leyó, que al volver la vista, ya estaba dormidito. Braulio, mi pequeño superhéroe, se había contado un cuento mientras que yo estaba en Televisión, dando mi mejor cara.

A partir de ahí comencé a apuntalarme de nuevo. A hablar con la verdad siempre. A llamar pan al pan y a tantear el terreno sobre el cual había empezado a construír mi vida nueva. Me di cuenta que no es firme, que no soportaría un imperio y me preocupé. Estoy calculando de nuevo la medida de mis sueños nuevos. No quiero que de derrumben de nuevo.

El programa no es tan buen negocio, hasta ayer, que asumí el control total, tanto operativo como administrativo de Pata de perro, lo creativo y demás, ya era desde siempre mi fuerte, pero ahora tengo que hacer el trabajo por triplicado. Sin embargo, saber que las cosas pueden salir bien o mal dependiendo de de mi, es tranquilizante. Empezamos a vendernos mejor. A esta casa que encontré en ruinas ya no se filtra el agua, ya no hay grotescos dibujos en las paredes, los árboles están podados, el pozo ya tiene polea para sacarle agua, el tanque ya está funcionando, la estufa, la lavadora, los sillones, los muebles, las camas, las cunas, los tendederos, la pintura, trastes, refrigerador, televisión y hasta el microondas ya están en su sitio. Ya sé cual es cocina, cual es la sala y cual es mi espacio. Y desde este pequeño espacio muy mío, quiero ofrecerles mis sinceras disculpas si en el tropel he hecho algo que les incomode, les lastime o les encabrone. Solo estaba estirando mis sueños hasta que crujieron, lastimándose.

Por eso empecé de nuevo en este blog... porque para soñar, tengo un inmenso camino por recorrer. Gracias por leerme. Que tengan un día maravilloso.

03/03/11

¿Como despedirse de un dulce?

Uno nunca sabe las cosas que puede encontrarse mientras camina por la calle. A mi me gusta caminar y de paso, ver todo alrededor. Trato muchas veces de irme aprendiendo cosas en el camino que, imagino, le gustarán a mis pekes. Y es que ellos son unos grandes conversadores. “La casa de la rana” – me dice Valentina, mientras con cara traviesa imita los sonidos del animal en cuestión. Braulio me dice “!mira piqui¡” – cada vez que pasamos en esa esquina en la que hay publicidad el dish pegada en un teléfono público. Gozo mucho de venir enseñándoles cosas nuevas. Ya caminan muy diligentes por la banqueta sueltos de las manitas, pero eso si, siempre bajo la mirada vigilante de papá cuervo.

Justo iba a recogerlos a la guardería cuando, antes de llegar a la casa de la rana, a decir de Valentina, me topé a una señora joven que traía de la mano a un niño de la misma edad de Braulio y me saludó con una enorme sonrisa. Pero, lo que a mi se me quedó grabado fue el enorme puchero que traía el niño, mientras arrastraba sus pequeños pasos a la par de su mamá. Esos ojitos invadidos por la tristeza, a punto de romper en llanto, se me clavaron derechito en el corazón… “caray” – pensé.
Unos cuantos pasos tras cruzar nuestros caminos, estaba tirado en la banqueta un paquetito de obleas de dulce. Miré rápidamente al niño y si, iba volteando también, con la mirada más triste que he visto en mucho tiempo, mientras se alejaba más, dejando su tristecita untada en el paisaje de la ciudad.

Querría inventar un final épico. Decirles que levanté los dulces y corrí a dárselos, pero eso no ocurrió. Me sentí raro al notar todos mis esfuerzos por disimular la pena que se me quedó encima. En mi cabeza, un día de Febrero, se repetía una y otra vez.

No sé hace cuantos años pasó, pero si recuerdo que me costó mucho trabajo ahorrar lo necesario para ir corriendo a abonarle a doña Carmelita, la única vendedora de juguetes de mi pueblo, pesito sobre pesito hasta que finalmente me entregó aquel muñequito. Era un pequeño obrero de plástico, articulado, con casco y caja de herramientas. Yo quería originalmente un vaquero, pero para cuando acabé de pagarlo ya solamente estaba ese. Y lo amé como solamente un niño puede amar a una piececita de fino plástico, ¡que importa si no estaba armado¡… llegué a la casa de mis tías, tejiendo las mil historias que viviría ese obrero conmigo en los amplios jardines, pero no contaba que mi hermana menor haría un escándalo por mi muñequito.

Mi mamá, algo apenada por los alaridos de mi hermana y mi infantil egoísmo, me dio un tremendo pellizco y sollozando, puse mi obrerito en las manos de Lupita. Acto seguido, ella caminó con todo el aplomo del mundo y lo arrojó por el hoyo de la coladera. ¡Adiós, mi pequeño secuaz! – y le lloré toda la tarde, mirando el oscuro y profundo hoyo bordeado de cruel metal irrompible. Hasta hace apenas un tiempo pude por fin perdonar a mi hermana por aquel crimen cometido contra mi imaginación.

El niño aquel que vi en la calle y yo no somos tan diferentes. Bastaba con prodigarnos algo de atención para evitar esa severa tristeza que nos contamina irremediablemente. Un poco de compasiva consideración – pienso. La mamá del niño no miró atrás para descubrir por que arrastraba sus pasos, negándose a dejar atrás sus dulces, y atenazándole la manita, le obligó a dejarlos ir. Mi madre no vio el cerro de hojas de pan que tuve que limpiar, las baldosas barridas a conciencia y los vidrios lavados que me costó el tener en mis manos mi juguete.

Que fácil sería evitar las lágrimas si nos pusieran un poquito más de atención. ¡Qué firmes y duraderos serían los amores si se dieran cuenta de lo mucho que nos está costando entregar el corazón!... Que nos quieran sin darnos crueles pellizcos, que nos dejen andar sin arrastrarnos del brazo… ¡que nos midan con justicia para descubrir si en verdad somos tan prescindibles!

Yo pienso. Me gustaría mucho que se le haga un justo funeral a mis amores en el momento en que vayan a parar a la coladera. Que me añoren y me deseen lo mejor aún cuando ya esté en mi hoyo forrado de frío metal y cemento armado. Solamente porque estaban muy ocupados en cualquier otra cosa y pensaron “¡son niñerías!” y con dolorosa indiferencia, siguieron tirando, arrastrando… cuando para el paladar de un niño, un dulce es el más grande amor sobre la tierra
Y mientras, me veo arrodillado frente a la coladera. El luto es sano… pero preferiría evitarlo. Hoy amaneció conmigo trabajando, evocando curiosamente la mirada de ese niño, que es la mía. Espero le compren otro dulce por la tarde. Yo, jamás volví a ahorrar para otro juguete. ¡Adiós, pequeño secuaz!

02/03/11

Agarrando condición.

En todos lados suceden cosas. Y así es que hay gente como yo, dedicados a castrosearlas. Intento agarar condición de escribir y no hacer como la última ocasión, que pasaron meses en poner un post de nuevo.
El año, empezó sin mucho cambio. La misma caca de siempre. La diferencia es que ahora tengo mucha más chamba, cosa que, la mera neta, me reencanta (y la necesito, pa que me hago pendejo)
La cosa es, que mientras me siga fluyendo tan generosamente la mala leche, el humor negro y la necesidad, este blog no ha muerto.
Y eso, es razón suficiente para sonreír. Al menos para mi.

20/12/10

Se nos acaba el año.

Muy buen día, gente bonita. Y a los demás, también, buen día. Yo sé que siempre me hago el propósito de escribir bien seguido y acabo siendo un asqueroso y falso mentiroso. Peeero, créanme, ando metido en ciertos procesos creativos y laborales que me tienen crucificado gran parte del día. Sin embargo, eso no obsta para que me den el chinguero de ganas de venir y compartir con ustedes. Ahora mismo, dos cartones de estas pasadas semanas:
Igual, he andado editando materiales porque ya ando que me quemo por intentar suerte de nuevo en la telera, pero ahi dios dirá, yo hago lo que mejor me sale.

Me atrevo a dejarles un relato que a mi en lo personal, me dejó sorprendido por su crudeza. Entreténgase, lea y entienda, no cierre su cabeza y verá que es una obra maestra de las ñáñaras.
Está largo, pero nada tedioso,. Atrévase y lea!

Tripas - Chuck Palahnuik

Tomen aire.

Tomen tanto aire como puedan. Esta historia debería durar el tiempo que logren retener el aliento, y después un poco más. Así que escuchen tan rápido como les sea posible.

Cuando tenía trece años, un amigo mío escuchó hablar del “pegging”. Esto es cuando a un tipo le meten un consolador por el culo. Si se estimula la próstata lo suficientemente fuerte, el rumor dice que se logran explosivos orgasmos sin manos. A esa edad, este amigo es un pequeño maníaco sexual. Siempre está buscando una manera mejor de masturbarse. Se va a comprar una zanahoria y un poco de jalea para llevar a cabo una pequeña investigación personal. Después se imagina cómo se va a ver la situación en la caja del supermercado, la zanahoria solitaria y la jalea moviéndose sobre la cinta de goma. Todos los empleados en fila, observando. Todos viendo la gran noche que ha planeado.

Entonces mi amigo compra leche y huevos y azúcar y una zanahoria, todos los ingredientes para una tarta de zanahorias. Y vaselina.

Como si se fuera a casa a meterse una tarta de zanahorias por el culo.

En casa, talla la zanahoria hasta convertirla en una contundente herramienta. La unta con grasa y se la mete en el culo. Entonces, nada. Ningún orgasmo. Nada pasa, salvo que duele.

Entonces la madre del chico grita que es hora de la cena. Le dice que baje inmediatamente.

El se saca la zanahoria y entierra esa cosa resbaladiza y mugrienta entre la ropa sucia debajo de su cama.

Después de la cena va a buscar la zanahoria, pero ya no está allí. Mientras cenaba, su madre juntó toda la ropa sucia para lavarla. De ninguna manera podía encontrar la zanahoria, cuidadosamente tallada con un cuchillo de su cocina, todavía brillante de lubricante y apestosa.

Mi amigo espera meses bajo una nube oscura, esperando que sus padres lo confronten. Y nunca lo hacen. Nunca. Incluso ahora, que ha crecido, esa zanahoria invisible cuelga sobre cada cena de Navidad, cada fiesta de cumpleaños. Cada búsqueda de huevos de Pascua con sus hijos, los nietos de sus padres, esa zanahoria fantasma se cierne sobre ellos. Ese algo demasiado espantoso como para ser nombrado.

Los franceses tienen una frase: “el ingenio de la escalera”. En francés, esprit de l’escalier. Se refiere a ese momento en que uno encuentra la respuesta, pero es demasiado tarde. Digamos que usted está en una fiesta y alguien lo insulta. Bajo presión, con todos mirando, usted dice algo tonto. Pero cuando se va de la fiesta, cuando baja la escalera, entonces, la magia. A usted se le ocurre la frase perfecta que debería haber dicho. La perfecta réplica humillante. Ese es el espíritu de la escalera.

El problema es que los franceses no tienen una definición para las cosas estúpidas que uno realmente dice cuando está bajo presión. Esas cosas estúpidas y desesperadas que uno en verdad piensa o hace.

Algunas bajezas no tienen nombre. De algunas bajezas ni siquiera se puede hablar.

Mirando atrás, muchos psiquiatras expertos en jóvenes y psicopedagogos ahora dicen que el último pico en la ola de suicidios adolescentes era de chicos que trataban de asfixiarse mientras se masturbaban. Sus padres los encontraban, una toalla alrededor del cuello, atada al ropero de la habitación, el chico muerto. Esperma por todas partes. Por supuesto, los padres lo limpiaban todo. Le ponían pantalones al chico. Hacían que se viera… mejor. Intencional, al menos. Un típico y triste suicidio adolescente.

Otro amigo mío, un chico de la escuela con su hermano mayor en la Marina, contaba que los tipos en Medio Oriente se masturban distinto a como lo hacemos nosotros. Su hermano estaba estacionado en un país de camellos donde los mercados públicos venden lo que podrían ser elegantes cortapapeles. Cada herramienta es una delgada vara de plata lustrada o latón, quizá tan larga como una mano, con una gran punta, a veces una gran bola de metal o el tipo de mango refinado que se puede encontrar en una espada. Este hermano en la Marina decía que los árabes se empalman y después se insertan esta vara de metal dentro de todo el largo de su erección. Y se masturban con la vara adentro, y eso hace que masturbarse sea mucho mejor. Más intenso.

Es el tipo de hermano mayor que viaja por el mundo y manda a casa dichos franceses, dichos rusos, útiles sugerencias para masturbarse. Después de esto, un día el hermano menor falta a la escuela. Esa noche llama para pedirme que le lleve los deberes de las próximas semanas. Porque está en el hospital.

Tiene que compartir la habitación con viejos que se atienden por sus tripas. Dice que todos tienen que compartir la misma televisión. Su única privacidad es una cortina. Sus padres no lo visitan. Por teléfono, dice que sus padres ahora mismo podrían matar al hermano mayor que está en la Marina.

También dice que el día anterior estaba un poco drogado. En casa, en su habitación, estaba tirado en la cama, con una vela encendida y hojeando revistas porno, preparado para masturbarse. Todo esto después de escuchar la historia del hermano en la Marina. Esa referencia útil acerca de cómo se masturban los árabes. El chico mira alrededor para encontrar algo que podría ayudarlo. Un bolígrafo es demasiado grande. Un lápiz, demasiado grande y duro. Pero cuando la punta de la vela gotea, se logra una delgada y suave arista de cera. La frota y la moldea entre las palmas de sus manos. Larga y suave y delgada.

Drogado y caliente, se la introduce dentro, más y más profundo en la uretra. Con un gran resto de cera todavía asomándose, se pone a trabajar.

Aun ahora, dice que los árabes son muy astutos. Que reinventaron por completo la masturbación. Acostado en la cama, la cosa se pone tan buena que el chico no puede controlar el camino de la cera. Está a punto de lograrlo cuando la cera ya no se asoma fuera de su erección.

La delgada vara de cera se ha quedado dentro. Por completo. Tan adentro que no puede sentir su presencia en la uretra.

Desde abajo, su madre grita que es hora de la cena. Dice que tiene que bajar de inmediato. El chico de la cera y el chico de la zanahoria son personas diferentes, pero tienen vidas muy parecidas.

Después de la cena, al chico le empiezan a doler las tripas. Es cera, así que se imagina que se derretirá adentro y la meará. Ahora le duele la espalda. Los riñones. No puede pararse derecho.

El chico está hablando por teléfono desde su cama de hospital, y de fondo se pueden escuchar campanadas y gente gritando. Programas de juegos en televisión.

Las radiografías muestran la verdad, algo largo y delgado, doblado dentro de su vejiga. Esta larga y delgada V dentro suyo está almacenando todos los minerales de su orina. Se está poniendo más grande y dura, cubierta con cristales de calcio, golpea y desgarra las suaves paredes de su vejiga, obturando la salida de su orina. Sus riñones están trabados. Lo poco que gotea de su pene está rojo de sangre.

El chico y sus padres, toda la familia mirando las radiografías con el médico y las enfermeras parados allí, la gran V de cera brillando para que todos la vean: tiene que decir la verdad. La forma en que se masturban los árabes. Lo que le escribió su hermano en la Marina. En el teléfono, ahora, se pone a llorar.

Pagaron la operación de vejiga con el dinero ahorrado para la universidad. Un error estúpido, y ahora jamás será abogado. Meterse cosas adentro. Meterse dentro de cosas. Una vela en la polla o la cabeza en una horca, sabíamos que serían problemas grandes.

A lo que me metió en problemas a mí lo llamo “bucear por perlas”. Esto significaba masturbarse bajo el agua, sentado en el fondo de la profunda piscina de mis padres. Respiraba hondo, con una patada me iba al fondo y me deshacía de mis shorts. Me quedaba sentado en el fondo dos, tres, cuatro minutos.

Sólo por masturbarme tenía una gran capacidad pulmonar. Si hubiera tenido una casa para mí solo, lo habría hecho durante tardes enteras.

Cuando finalmente terminaba de bombear, el esperma colgaba sobre mí en grandes gordos globos lechosos.

Después había más buceo, para recolectarla y limpiar cada resto con una toalla. Por eso se llamaba “bucear por perlas”. Aun con el cloro, me preocupaba mi hermana. O -¡Por Dios!- mi madre.

Ese solía ser mi mayor miedo en el mundo: que mi hermana adolescente virgen pensara que estaba engordando y diera a luz a un bebé retrasado de dos cabezas. Las dos cabezas me mirarían a mí. A mí, el padre y el tío. Pero al final, lo que te preocupa nunca es lo que te atrapa.

La mejor parte de bucear por perlas era el tubo para el filtro de la piscina y la bomba de circulación. La mejor parte era desnudarse y sentarse allí.

Como dicen los franceses, ¿a quién no le gusta que le chupen el culo? De todos modos, en un minuto se pasa de ser un chico masturbándose a un chico que nunca será abogado.

En un minuto estoy acomodado en el fondo de la piscina, y el cielo ondula, celeste, a través de un metro y medio de agua sobre mi cabeza. El mundo está silencioso salvo por el latido del corazón en mis oídos. Los shorts amarillos están alrededor de mi cuello por seguridad, por si aparece un amigo, un vecino o cualquiera preguntando por qué falté al entrenamiento de fútbol. Siento la continua succión del tubo de la piscina, y estoy meneando mi culo blanco y flaco sobre esa sensación. Tengo aire suficiente y la polla en la mano. Mis padres se fueron a trabajar y mi hermana tiene clase de ballet. Se supone que no habrá nadie en casa durante horas.

Mi mano me lleva casi al punto de acabar, y paro. Nado hacia la superficie para tomar aire. Vuelvo a bajar y me siento en el fondo. Hago esto una y otra vez.

Debe ser por esto que las chicas quieren sentarse sobre tu cara. La succión es como una descarga que nunca se detiene. Con la polla dura, mientras me chupan el culo, no necesito aire. El corazón late en los oídos, me quedo abajo hasta que brillantes estrellas de luz se deslizan alrededor de mis ojos. Mis piernas estiradas, la parte de atrás de las rodillas rozando fuerte el fondo de cemento. Los dedos de los pies se vuelven azules, los dedos de los pies y las manos arrugados por estar tanto tiempo en el agua.

Y después dejo que suceda. Los grandes globos blancos se sueltan. Las perlas. Entonces necesito aire. Pero cuando intento dar una patada para elevarme, no puedo. No puedo sacar los pies. Mi culo está atrapado.

Los enfermeros del servicio de urgencias dirán que cada año cerca de 150 personas se quedan atascadas de este modo, chupadas por la bomba de circulación. Queda atrapado el pelo largo, o el culo, y se ahoga. Cada año, cantidad de gente se ahoga. La mayoría en Florida.

Sólo que la gente no habla del tema. Ni siquiera los franceses hablan acerca de TODO.

Con una rodilla arriba y un pie debajo de mi cuerpo, logro medio incorporarme cuando siento el tirón en mi culo. Con el pie pateo el fondo. Me estoy liberando pero sin tocar el suelo ni tampoco llegar al aire. Todavía pateando bajo el agua, agitando los brazos, estoy a medio camino de la superficie pero no llego más arriba. Los latidos en mi cabeza son fuertes y rápidos.

Con chispas de luz brillante cruzando ante mis ojos me doy vuelta para mirar… pero no tiene sentido. Esta soga gruesa, una especie de serpiente azul blancuzca trenzada con venas, ha salido del desagüe y está agarrada a mi culo. Algunas de las venas gotean rojo, sangre roja que parece negra bajo el agua y se desprende de pequeños rasguños en la pálida piel de la serpiente. La sangre se disemina, desaparece en el agua, y bajo la piel delgada azul blancuzca de la serpiente se pueden ver restos de una comida a medio digerir.

Esa es la única forma en que tiene sentido. Algún horrible monstruo marino, una serpiente del mar, algo que nunca vio la luz del día, se ha estado escondido en el oscuro fondo del desagüe de la piscina, y quiere comerme.

Así que la pateo, pateo su piel resbalosa y gomosa y llena de venas, pero cada vez sale más del desagüe. Ahora quizá sea tan larga como mi pierna, pero aún me retiene el culo. Con otra patada estoy a unos dos centímetros de lograr tomar aire. Todavía sintiendo que la serpiente tira de mi culo, estoy a un centímetro de escapar.

Dentro de la serpiente se pueden ver granos de maíz y cacahuetes. Se puede ver una brillante bola anaranjada. Es la vitamina para caballos que mi padre me hace tomar para que gane peso. Para que consiga una beca gracias al fútbol. Con hierro extra y ácidos grasos omega tres. Ver esa pastilla me salva la vida.

No es una serpiente. Es mi largo intestino, mi colon, arrancado de mi cuerpo. Lo que los doctores llaman prolapso. Mis tripas chupadas por el desagüe.

Los expertos dirán que una bomba de agua de piscina larga 360 litros de agua por minuto. Eso son unos 200 kilos de presión. El gran problema es que por dentro estamos interconectados. Nuestro culo es sólo la parte final de nuestra boca. Si me suelto, la bomba sigue trabajando, desenredando mis entrañas hasta llegar a mi boca. Imaginen cagar 200 kilos de mierda y podrán apreciar cómo eso puede destrozarte.

Lo que puedo decir es que las entrañas no sienten mucho dolor. No de la misma manera que duele la piel. Los doctores llaman materia fecal a lo que uno digiere. Más arriba es quimo, bolsones de una mugre delgada y corrediza decorada con maíz, cacahuetes y guisantes.

Eso es la sopa de sangre y maíz, mierda y esperma y cacahuetes que flota a mi alrededor. Aún con mis tripas saliendo del culo, conmigo sosteniendo lo que queda, aún entonces mi prioridad era volver a ponerme el short. Dios no permita que mis padres me vean la polla.

Una de mis manos está apretada en un puño alrededor de mi culo, la otra arranca el short amarillo del cuello. Pero ponérmelos es imposible.

Si quieren saber cómo se sienten los intestinos, compren uno de esos condones de piel de cabra. Saquen y desenrollen uno. Llénenlo con mantequilla de cacahuete, cúbranlo con lubricante y sosténganlo bajo el agua. Después traten de rasgarlo. Traten de abrirlo en dos. Es demasiado duro y gomoso. Es tan resbaladizo que no se puede sostener. Un condón de piel de cabra, eso es un intestino común.

Pueden ver contra lo que estoy luchando.

Si me dejo ir por un segundo, me destripo.

Si nado hacia la superficie para buscar una bocanada de aire, me destripo.

Si no nado, me ahogo.

Es una decisión entre morir ya mismo o dentro de un minuto. Lo que mis padres encontrarán cuando vuelvan del trabajo es un gran feto desnudo, acurrucado sobre sí mismo. Flotando en el agua sucia de la piscina del patio. Sostenido por atrás por una gruesa cuerda de venas y tripas retorcidas. El opuesto de un adolescente que se ahorca cuando se masturba. Este es el bebé que trajeron del hospital trece años atrás. Este es el chico para el que deseaban una beca deportiva y un título universitario. El que los cuidaría cuando fueran viejos. Aquí está el que encarnaba todas sus esperanzas y sueños. Flotando, desnudo y muerto. Todo alrededor, grandes lechosas perlas de esperma desperdiciadas.

Eso, o mis padres me encontrarán envuelto en una toalla ensangrentada, desmayado a medio camino entre la piscina y el teléfono de la cocina, mis desgarradas entrañas todavía colgando de la pierna de mis shorts amarillos. Algo de lo que ni los franceses hablarían.

Ese hermano mayor en la Marina nos enseñó otra buena frase. Rusa. Cuando nosotros decimos: “Necesito eso como necesito un agujero en la cabeza” [*], los rusos dicen: “Necesito eso como necesito un diente en el culo”. Mne eto nado kak zuby v zadnitse. Esas historias sobre cómo los animales capturados por una trampa se mastican su propia pierna; cualquier coyote puede decir que un par de mordiscos son mucho mejores que morir.

Mierda… aunque seas ruso, algún día podrías querer esos dientes. De otra manera, lo que tienes que hacer es retorcerte, dar vueltas. Enganchar un codo detrás de la rodilla y tirar de esa pierna hasta la cara. Morder tu propio culo. Uno se queda sin aire y mordería cualquier cosa con tal de volver a respirar.

No es algo que te gustaría contarle a una chica en la primera cita. No si quieres besarla antes de ir a dormir. Si les cuento qué gusto tenía, nunca jamas volverían a comer calamares.

Es difícil decir qué les disgustó más a mis padres: cómo me metí en el problema o cómo me salvé. Después del hospital, mi madre dijo: “No sabías lo que hacías, amor. Estabas en estado de shock”. Y aprendió a cocinar huevos pasados por agua.

Toda esa gente asqueada o que me tiene lástima… la necesito como necesito dientes en el culo.

Hoy en día, la gente me dice que soy demasiado delgado. En las cenas, la gente se queda silenciosa o se enoja cuando no como la carne asada que prepararon. La carne asada me mata. El jamón cocido. Todo lo que se queda en mis entrañas durante más de un par de horas sale siendo todavía comida. Judías blancas o atún en lata, me levanto y me los encuentro allí en el inodoro.

Después de sufrir una disección radical de los intestinos, la carne no se digiere muy bien. La mayoría de la gente tiene un metro y medio de intestino grueso. Yo tengo la suerte de conservar mis quince centímetros. Así que nunca obtuve una beca deportiva, ni un título. Mis dos amigos, el chico de la cera y el de la zanahoria, crecieron, se pusieron grandotes, pero yo nunca llegué a pesar un kilo más de lo que pesaba cuando tenía trece años. Otro gran problema es que mis padres pagaron un montón de dinero por esa piscina. Al final mi padre le dijo al tipo de la piscina que fue el perro. El perro de la familia se cayó al agua y se ahogó. El cuerpo muerto quedó atrapado en el desagüe. Aun cuando el tipo que vino a arreglar la piscina abrió el filtro y sacó un tubo gomoso, un acuoso resto de intestino con una gran píldora naranja de vitaminas aún dentro, mi padre sólo dijo: “Ese maldito perro estaba loco”. Desde la ventana de mi habitación en el primer piso podía escuchar a mi papá decir: “No se podía confiar un segundo en ese perro…”.

Después mi hermana tuvo un retraso en su período menstrual.

Aun cuando cambiaron el agua de la piscina, aun después de que vendieran la casa y nos mudáramos a otro estado, aun después del aborto de mi hermana, ni siquiera entonces mis padres volvieron a mencionarlo.

Esa es nuestra zanahoria invisible.

Ustedes, tomen aire ahora.

Yo todavía no lo hice.

[*] Expresión anglosajona que se utiliza para dar a entender que no se tiene necesidad de cierta cosa para absolutamente nada.

Ya con eso, nos leemos luego. Buen inicio de semana.

30/10/10

Gramática en tres tiempos.

Se han desatado los demonios en Caciquelandia. Ya empezaron los dimes y diretes a un nivel más verdulerezco y es que nadie quiere sentir que va abajo en las encuestas, preferencias, cargadas, acarros y cooptaderas del voto, oh, inútil y patética manera de "manifestar nuestro sueño demócrata".

Yo, como no cobro en ventanilla ni me han dado hasta el momento un pinche quinto, nada les debo y por eso es que me doy vuelo con mis monitos. Ahi les dejo la tira de ayer en La Noticia:
Y así las cosas, vamos a ver los matices que agarra el bisne electoral. Mientras, a darle a la chinga, que ya viene la fiesta de mis pekes y no quiero acabar pidiendo limosna. Chido.

12/10/10

Crueldad!!

Estoy contento con esta chamba. Buen ambiente, gente chingona, a la que uno podría aprenderle mil cosas y buenos incentivos. A veces, la vida personal es como que medio pinche, pero no se vale rajarse, hay que ponerse chingón y siempre ir pa´delante.

Por eso, aqui les dejo algunas cosillas de la semana:




A ver, díganme que no es una pendejada?

06/10/10

Un Par De Buenas Ideas.

Se pasan los días y muchas veces me siento como atorado en un ciclo que no termina. Pasan las horas y me traen breves encantos que puedo disfrutar enormemente. No me quejo, supongo que hay quienes se la pasan más de la chingada, sin dinero, sin amigos y sin amor. Ah, y sin coger.

Estas semanas son amargas en la capital, la marcha dectructiva que se supone rendirá tributo al recuerdo de los caídos el 2 de Octubre, las elecciones que ya están viciadas de caca y nuestras autoridades más preocupadas en llevarse un botín que les alcance para comprar su libertad ante algún tribunal igual de corrompido y asqueroso como ellos.

Ahi, siguen germinando las ideas.


Mientras, yo aproveché para desempolvar mi ánimo de cuentista y ya estoy escribiendo en la página de ESCRIBIDORES y parece que me va a gustar. Mientras, les dejo mis mejores deseos.
Son ustedes una chingonería.

29/09/10

Dias de locos.

Caray, que rápido se pasan los días. No importa si están llenos de encuentros, desencuentros, talachas, aventuras, cosas buenas o partidos de la máquina del Cruz Azul. La cosa es que se van en friega. Bendito aquel que tiene tiempo que perder! Por estos lares, me tomó más o menos un mes de monear, de hacer mis cartones, para llegar a los medios que más me laten. Ahora, hasta me doy el lujo de dedicar más tiempo a las ideas, a los trazos. No voy a poner todas las caricaturas, pero si les compartiré algunas, eso que ni que.

A ver como ven:
Son días extraños. Siempre lo son. Ahora mismo, no tengo idea de lo que va a pasar a lo largo de mi jornada, pero tengo ganas de estar ahí cuando todo ocurra. Buenos días, bandita, Dios los bendiga y acuérdense que siempre hay que ir un poquito más arriba. Siempre.

14/09/10

La Chamba, Fecunda y Creadora.

Ayer, parece que los astros se conjugaron para hacerme Sentir supermán. Caminando por la calle, rumbo a los tacos de perracoa. Mi cuais Alejandrino me dejó su tarjeta porque quiere publicar mis monos en su diario. Luego, por la tarde, mi querido sensei "el Chocorrol" me reviró el correo en el que le envié los cartones de la semana con buenos comentarios. Ya por la tarde, Jaimito, de IRZA, me dijio que estaban de pelos, ai lgual que su esposa Gaby en el Facebook... así que ahora sr coine suman a los medios a los que enviaré mis dibujos. Mención aparte Carlos, quien me encomendó algo mamalón, que tuviera que ver con el Bicente-mierda-rio... y aqui tienen la tira que salió ya hoy.

Honestamente me halaga el chingo, me alienta y me está haciendo crecer más en la profesión, enfrentar las críticas y tomar los elogios con sencillez.

Benditas las manos que me instaló mi mamá... No van a dejar que me muera de hambre.