Luis - cállate, pinchi calabaza!
Alburero 1 (cof cof...) - Te la saco allá en la plaza!
Luis - Está bien, pero luego tú la vendes. (!)
Y así por el estilo, Luis usaba un extraño híbrido entre los albures clásicos y frases de película de Antonio Badú, lo cual siempre se me hizo chistoso e inusual. Creo que por eso me caía bien, a pesar de que en la ocasión que nos conocimos terminamos en tremenda gresca que nos costó lavar los baños de la secu, tupidos de olores francamente nauseabundos. Luis se lanzó por tremenda manguera que usaban para llenar los tinacos y encendió la bomba, yo, ojete, la clavé en cada uno de los inodoros y aquello se convirtió en una alberca de caca y hojas de libreta con su patinón de canela. Pinche risa loca, cuando entraba algún compañero, le aventábamos tremendo chorro de agua, como sea, más castigados no podíamos estar.
Creo que mi fama de ser expulsado ya varias veces ayudó a que ese cabrón pudiera ser él mismo conmigo y dejarse de su pudor, pinche loco, llegaba corriendo con su libreta gorda, producto de su robo en el taller de industrialización de alimentos, en la que clavaba una rebanada de jamón entre hoja y hoja, terminando con medio kilo contrabandeado. Yo, para corresponder a su gesto amable de compartirme el botín, rellenaba mis calcetas del futbol con cacahuates garapiñados y nos trepábamos a la torre de agua a comérnoslos y de paso, escupir desde allá a los de primer año, quienes solo atinaban a pintarnos cremas con sus deditos, mientras nosotros, curtidos de leperadas, nos reíamos más fuerte de su asco.
Luis tenía una hermana en primer año, Maricruz, lolita antojable pero medio pendeja de la que ya les contaré luego, cof cof... la cosa es que ella era como el Pepe Grillo del Pinocho que era ese cabrón. Pero tan pronto desaparecía la chava, volvíamos al desmadre. Yo me acuerdo que de pronto me entraba la congoja al darme cuenta de que no teníamos futuro por ese lado. A menos que alguien nos pagara por hablar una sarta de pendejadas, por pelearnos con los de las otras escuelas o por enviarle saludos a las alumnas del internado a gritos, no veía como podría pagarme la comida en el futuro. Si, tenía una beca, incluso llevaba buenas calificaciones, pero las pocas veces que coincidía con Luis en la dirección era porque iba yo a alguna reunión con mi asesor y él, a reporte con el prefecto. Lo miraba, me sonreía mamonamente y me enseñaba su mano, con la forma de una verguita y me hacía señas léperas el muy hijo de puta.
Ya cerca de la clausura, nos dieron una tardeada en la disco de moda. Ah, porque en esa ápoca había "discos", no "antros" y el que uno llegara a casa cagado de borracho era motivo de una monumental madriza, no de terapias pendejas y cosas de esas. Luis bebió y yo también, pero la diferencia fué que entonces pudo dejar salir todas sus cuitas y me di cuenta de que no iba a lograrlo. Luis quería ser soldado, cargar un pesado fusil y "cargarme a todos los culeros con la punta de mi verga" decía, con su voz pastosa de borracho adolescente. No me acuerdo que le dije, ni me acuerdo siquiera como terminó aquella tarde de Junio.
Yo no fuí a la clausura a llorar, ni a escuchar con cara de perro empachado "las golondrinas", mucho menos a estrechar la mano de todos esos pelados formados en el presidium. Yo solamente quería el papel que dijera que sabía yo leer, escribir y hasta un poco de inglés. Quería acabar ya con aquella etapa tan sufrida y dedicarme a la mecánica en el taller de "la mala", ganar mucho dinero quitando carburadores, afinando motores y haciendo pendejos a los clientes. Luis, cosa rara, estaba abrazado de su mamá y lloraban los dos. Creo que es porque su mamá, al igual que yo, sabía que ese era el último papel que recibía "el melox" en su vida. Vino a verme, tristeando y yo le dije "ayayay, ya vienes de puto a querer abrazar a tu padre, culero"... nos reímos y estrechamos las manos. Nuncas habria podido saber que aquella era mi última oportunidad de abrazar a Luis. La dejé ir. Y es que en ese entonces, ni se me antojaba ni me parecía algo tan especial.

Luis, la lombriz, el melox, se hizo madrina de la judicial con solamente 17 años. Y solamente duró 12 días con aquella pistola vieja al cinto. Empezaba a caer la noche en Chilapa cuando lo mataron justo frente al kiosko de la plaza central. No estábamos entonces tan acostumbrados a ver muertos regados ni mucho menos. Yo lloré fingiendo que era porque el doctor Hell había avasallado finalmente a Mazinger Z, pero la verdad es que no habría podido ver a Luis bajar al pozo, no habría podido decirle adiós. No.
Su familia se fué. Me fui yo. Hace años que la ETA cambió de nombre a ESTIMA, que pintaron la torre del agua y que nuestros nombres se borraron de las butacas, los baños y el tronco de los limones reales del patio. Hace años, caray. Y fué ayer que volví a ver a Koggi sucumbir ante aquellos dos monstruos mecánicos... y yo, a perder el estilo recordando al melox. Supongo que después de todo, nuestras risas desde lo alto no pueden ser borradas.
3 Finísimas Personas Opinan::
los años verduleros ajjajaa
de pocamadre con los recuerdos
STAY BRUTAL
Hola, llevo buena parte de la tarde leyendo tu blog, y definitivamente me ha gustado tu estilo narrativo, trátese de un viejo recuerdo de la infancia o del fantasma que te hace compañía (ficticiamente). Me gustaría saber si te interesa un intercambio de links para el blogroll, te dejo mi link para que lo visites si gustas y si te late la idea, ya nada más me avisas con un comment:
http://warmgunner666.blogspot.com/
Saludos Enfermos.
Ora pues! ya estàs adherido a mi roll, ahì nos andamos leyendo.
Saludos Enfermos.
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