Escribir es mi necesidad. Muchas veces, cuando parece que ya no hay caminos por andar, empiezo a generar miles de ideas que no comparto con nadie. Y no las comparto porque sea yo una clase de niño egoísta con sus dulces, sino porque no encuentro a quien decírselas. No digo que esté encadenado enmedio del desierto, sino que puedo sentir una enorme y sobrecogedora soledad que simplemente no se va.
Sé que hace muchos pasos empecé a trastabillar. Empecé a caminar dando zancadas para alcanzar una nueva vida y se me olvidó, tal vez, apuntar hacia el objetivo. Pero aquí estoy, como siempre que me atenaza la soledad, escribiendo. Quiero agradecerle a todos los que pasan a visitarme, a leer... a hacerme sentir bien con sus comentarios.
Mil proyectos nuevos. Unos, desempolvados y listos para ser ejecutados. Publicar un libro, poner un canal de televisión por internet, dar clases a niños de los que, seguro acabaré aprendiendo yo. Quiero empezar a aprender a no exaltarme. A no ser tan visceral. Quiero aprender a modularme, como una consola de audio. No quiero ser atronador cuando me enojo, de cualquier modo, las aguas siempre toman su nivel, eso si lo sé, pero a veces no puedo aceptarlo. Quisiera que el mundo entero estuviera en sintonía conmigo. Que la intensidad y la vehemencia de mis deseos marcaran la pauta del movimiento universal, pero eso es imposible.
A lo mejor, me estoy dejando ir los momentos importantes, como lo que ocurre con mis hijos, que ya platican en perfecto español, que saben jugar entre ellos y organizan unos tremendos fandangos con el ejército de juguetes que tienen. Hay cientos de historias que contar de ellos. Braulio sacándose el pene para orinar desde el interior de una tienda a la banqueta, con su ceja rota por andar de travieso, con Valentina cuidando y dando de besos a un chapulín que le atrapé como mascota. Verla paseando por la casa cargando con la maceta en la que sembramos su primer plantita y hablando solita sobre como vaa cuidarla.
Estoy casi siempre absorto en dirigir mis planes a buen puerto. Me caigo, me levanto cada vez más harto y más decidido a que se haga mi voluntad. Vivo en el error, pues.
Para que se den una idea de como estoy transtornado, les contaré que hace algunas noches, absortos en los deberes, no reparamos en el detalle de que Valentina estaba ya dormida, pero Braulio seguía deambulando por la habitación, intentando jugar, bailar, platicar... estaba queriendo llamar la atención de su mamá, quien estaba apurada en redactar. De pronto, un murmullo confuso logró distraerla y al voltar, Braulio estaba sentadito en la orilla de la cama, leyendo a su manera un libro de caricaturas sobre ranas en los zapatos, en los sandwiches y en los pantaloncillos... muy clarito, pero espacio, se leía cada una de las páginas y entonaba la voz, tal y como lo he hecho yo en tantas ocasiones que se lo narro y se lo voy explicando. Tanto lo leyó, que al volver la vista, ya estaba dormidito. Braulio, mi pequeño superhéroe, se había contado un cuento mientras que yo estaba en Televisión, dando mi mejor cara.
A partir de ahí comencé a apuntalarme de nuevo. A hablar con la verdad siempre. A llamar pan al pan y a tantear el terreno sobre el cual había empezado a construír mi vida nueva. Me di cuenta que no es firme, que no soportaría un imperio y me preocupé. Estoy calculando de nuevo la medida de mis sueños nuevos. No quiero que de derrumben de nuevo.
El programa no es tan buen negocio, hasta ayer, que asumí el control total, tanto operativo como administrativo de Pata de perro, lo creativo y demás, ya era desde siempre mi fuerte, pero ahora tengo que hacer el trabajo por triplicado. Sin embargo, saber que las cosas pueden salir bien o mal dependiendo de de mi, es tranquilizante. Empezamos a vendernos mejor. A esta casa que encontré en ruinas ya no se filtra el agua, ya no hay grotescos dibujos en las paredes, los árboles están podados, el pozo ya tiene polea para sacarle agua, el tanque ya está funcionando, la estufa, la lavadora, los sillones, los muebles, las camas, las cunas, los tendederos, la pintura, trastes, refrigerador, televisión y hasta el microondas ya están en su sitio. Ya sé cual es cocina, cual es la sala y cual es mi espacio. Y desde este pequeño espacio muy mío, quiero ofrecerles mis sinceras disculpas si en el tropel he hecho algo que les incomode, les lastime o les encabrone. Solo estaba estirando mis sueños hasta que crujieron, lastimándose.
Por eso empecé de nuevo en este blog... porque para soñar, tengo un inmenso camino por recorrer. Gracias por leerme. Que tengan un día maravilloso.
2 Finísimas Personas Opinan::
Eres y seras un hombre maravilloso. Aveces se enpaña la vista pero siempre regresa a estar clarito clarito.
Seguro que Braulio y Valentina te quedran siempre!
@<abron_<holo
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